lunes 30 de marzo de 2009

Un Año de Palabras


Sucedió al poco tiempo de mi incursión en el mundo editorial homeless, entendiendo por homeless el que se desarrolla a la sombra de las candilejas, la salida editorial que tenemos los que escribimos historias, con mayor o menor fortuna, y nos vemos forzados a ser nuestro propio agente, diseñador, publicista, corrector de estilo, vendedor ambulante y lector incondicional. Nuestro puesto virtual en la Feria del Libro. O sea, Internet.

Un buen día, mientras escrutaba la red para ver en qué terreno se movía la competencia, me encontré con un libro que me llamó la atención, el primer libro de un autor desconocido, al menos para mí; Nachob. Y me picó la curiosidad, curiosidad morbosa, ya sabéis, a ver qué escribe este tipo y cuantos fans me va a levantar.

El libro en cuestión se llama “Un año de palabras”. Tuve ocasión de comenzar a leerlo en su web (Un año de palabras), donde lo tiene a disposición de todo el mundo. (Pardiez! Es más generoso que yo, esto no pinta nada bien!) Pero yo estoy muy mal criada. A mí me gusta leer con el libro entre las manos, apaisada sobre almohadones mulliditos, un cafetito humeante y mi perro tumbado a mis pies, para que no se me enfríen, así que contacté con Nachob para adquirir un ejemplar.

Esperaba encontrar a un tipo engreído, egocéntrico, prepotente, soberbio, es decir, a un escritor, pero nada más lejos, mostró muy buena disposición y agradeció mi interés por leerle, lo cual me tranquilizó bastante. Este ni es escritor ni es ná. Esto es pan comido, Charito.

En el transcurso de la correspondencia que mantuve con él mientras esperaba la llegada del libro, me intentó cautivar con su amabilidad, con su encanto personal, con su conversación inteligente, con la chispa de su ingenio y con la humanidad que desprendía por todos sus poros, lo que aquí llamamos buena gente con denominación de origen, pero a mí no es fácil engañarme, que yo ya estoy curtida y peino muchas canas, si crees que por simpatía te voy a aplaudir el libro lo llevas claro, que soy lectora exigente y no me duelen prendas proclamar a los cuatro vientos que El Código Da Vinci me pareció un soberano petardo, ha, ha,ha!

Sin embargo, cuando leí la cariñosa dedicatoria que me había escrito en la primera página, una terrible sospecha se instaló sobre mi cabeza, una duda que me atacaba con la ferocidad de un estornino picoteándome el colodrillo: Mira que si es verdad que es tan buena gente… Y, más tarde, cuando tuve ante mis ojos el prólogo general de la obra, en el que se daba cuenta de la calidad y la fuerza de su escritura, un espantoso escalofrío me anunció la inminente llegada de otra sospecha mucho más abominable: Mira que si encima escribe bien…

Decidí tranquilizarme y concederme una tregua, que al menos me llevaría quince días leerme tan generoso compendio de historias. Pero no habían pasado ni cinco cuando ya me hallaba a tres párrafos de la palabra maldita: “FIN”.

Y sucedió. Fue un fatídico lunes, pasada la medianoche, con un cielo cerrado de nubarrones negros que amenazaban tormenta y un viento enconado de poniente que se filtraba por la rendija de la ventana emitiendo un silbido siniestro. Todos mis temores se hicieron realidad cuando terminé de leer la última página y cerré la tapa del libro.

Intenté impedirlo, lo juro. Me mordí la lengua, apreté los labios, traté por todos los medios de amagar la exclamación que pugnaba por salir de lo más hondo de mi competitivo corazón, traidor a su propia causa, contuve la respiración cuando noté que aquellas dos palabras ya habían alcanzado mis cuerdas vocales, que llegaban a mi boca, dos palabras, a la punta de la lengua, y… finalmente claudiqué, me rendí a los espasmos de la asfixia y las dejé salir con el aire retenido en mis pulmones: “¡Qué bueno!”

¡Qué bueno! ¡Qué emotivo! ¡Qué entretenido! ¡Qué variedad! Un volumen que ofrece cuentos, series y relatos, y que constituye un carrusel por el que desfilan todos los géneros literarios: historias cotidianas, novela negra, ciencia ficción, suspense, tierra media, la épica más legendaria, el terror más clásico, el humor más sutil, el romanticismo más dulce, la denuncia más comprometida, lo toca todo, ¿cómo es posible?, y todo ello escrito con elegancia, presentando personajes con los que empatizas de inmediato, haciendo gala de una imaginación desbordante, manteniendo un ritmo que te lleva hasta el fin de la historia en un suspiro, ideando finales asombrosos, dejando buen sabor de boca en todos los casos.

No puede ser, esto no me puede pasar a mí, me sentía tan colmada como si hubiese abierto una caja roja de Nestlé y hubiese degustado un bombón de cada, todos ellos diferentes, todos ellos tan sabrosos, esto no tiene sentido, si es verdad que es escritor por qué es tan buena persona, si es tan buena persona por qué se ha hecho escritor, esto rompe mis esquemas, me ha dejado descolocada, sin saber cómo debo actuar ante semejante contradicción.

Porque yo le pediría que escribiese un segundo volumen. Pero para qué… Si ni siquiera se le va a subir a la cabeza…

4 comentarios:

José GDF dijo...

En el mundo del rock sumergido (el que jamás saldrá de sus locales de ensayo y sus cuatro garitos para los bolos, y que si lo pinchan en la radio, será en una local sin apenas oyentes), también hay una rivalidad de la sana como la que cuentas, y eso es lo mejor que nos puede pasar a los, digámoslo genéricamente, artistas: tener a alguien, del mismo nivel, al que consideramos mejor en la disciplina.

Eso te da alas para mejorar, no para superar al rival, lo cual sería contraproducente, sino de superarse a si mism@.

Y si además son excelentes como personas, mejor aún. Ganas un amigo, además de un muy buen estímulo.

Por cierto, aprovecho para comentarte que me he dado cuenta hoy de un detalle: en la dirección de tu blog hay eco-eco... Dice misterio-io, ¡jejeje!

Ya he empezado a disfrutar de Los Gatos, porque ya acabé un examen que me quedaba. ¡Ah! Y lo mismo te digo, pienso ser implacable en la crítica... ;)

¡Saludos y un fuerte abrazo!

Io dijo...

Hola Jose! Pues la verdad es que fue una gran suerte para mí cruzarme con Nachob. Es un escritor buenísimo, muy imaginativo y con una calidad literaria indiscutible. Y además no exageré ni un ápice en cuanto a sus cualidades humanas.

Me ha gustado mucho algo que has dicho, porque es religión para mí. La rivalidad ha de darte alas para superarte a tí mismo, no para mirarte en otro. Hay mucha gente que confunde esa rivalidad, convirtiéndola en algo insano y destructivo.

A mí siempre me gustó ser justa, ensalzar aquello que es loable, aunque al otro lado de la balanza no me suelo cebar mucho con aquello que no me gusta. Pero creo firmemente que cuando algo es bueno hay que decirlo. Lo contrario me parece una mezquindad. Además, se queda uno muy a gusto.

Espero que te guste el libro. Ya me contarás, amigo. Ah, no había visto lo del eco, ja,ja,ja, seguro que le puedes poner música :D.

Un besazo!

EURICE dijo...

Guapa!! multiplicado x 3 je,je.
Nos vemos

Io dijo...

Guapa tú!!! Multiplicado por ochocientosmillonestrscientosmilmillonessetencientosmil y hasta el infinito.

Besazo en todo el carrillo.

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