Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo. Lo dijo Arquímedes, un señor que sabía lo suyo de palancas, de puntos de apoyo, de mundos que se pueden mover y de la cuadratura del círculo.
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Siguiendo los sabios consejos de un buen amigo y colega en esto de emborronar papeles, vengo aquí dispuesta a presentarme como escritora, novelista, cuentista, y como soy incapaz de pedirle a alguien seriamente que me compre un libro, voy a sacudirme la vergüenza de los omoplatos, a subirme al podio de los triunfadores aprovechando que nadie lo vigila, y a extender una pancarta que exhibe un lema, aparentemente, anodino: “Los Gatos”. Y de paso, a intentar arrancar una sonrisa a todo aquél que tenga la santa paciencia de engullirse esta entrada hasta el final.
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“Los Gatos”. Mi primera novela. La primera de cuatro que ya tengo finalizadas. Cuatro retoños gestados en mi cabeza, alimentados por mis vísceras y paridos a través de mis dedos, y de ellos, el primogénito, “Los Gatos”, será también el primero en abrir los ojos a la luz de la calle, en deslumbrarse con los flashes de los fotógrafos, en acudir a entrevistas previamente seleccionadas, en ofrecer su primera página a la firma de autógrafos ante el delirio de las masas, y en abrir de par en par las puertas de la Wikipedia (si son las de la Frikipedia tampoco me importa) a su autora, Charo de Reina, o sea, yo.
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¡No os imagináis qué pedazo de novela! Partiendo de un argumento muy manido, a saber, escritora que se aísla en una casa en la playa para poder concentrarse y que se encuentra con que la casa encierra un misterio que ella ha de descubrir, he construido una historia trepidante, ingeniosa, profunda, salpicada de escenas y diálogos irrepetibles, de frases antológicas que llegarán a ser tonos, sonitonos o politonos, de personajes de tal fuerza que acabarán por merendarse a los de Borges, de momentos de suspense inquietante, de trazos de emoción sin límites, con un ritmo que no concederá tregua al lector, que doblegará su voluntad y le impedirá separar los dedos del papel hasta no llegar a la palabra maldita, FIN, snif!, un libro que reclamará a gritos y por derecho propio una segunda parte, porque lo bueno sabe a poco, porque la vida es cicatera a la hora de proporcionar grandes momentos y la lectura de este libro supondrá todo un momentazo, un libro que está especialmente indicado para los amantes de los gatos, para los amantes de los perros, para los amantes de las gaviotas, de las playas solitarias, de las casas encantadas, de las fuerzas ocultas, de las voces del mas allá, de los misterios sin resolver, de los enigmas del pasado, de los relatos escalofriantes alrededor de una pizza, de los crímenes silenciados, de los secretos inconfesables, y también para los amantes de Andalucía, para los amantes de la madreselva y la dama de noche, para los amantes del Mediterráneo, de los pueblos costeros, pequeños y tranquilos, de la sabiduría de los abuelos, de la ternura, de la buena gente, de la gente mala, en definitiva, un libro que tiene más aplicaciones que la Coca-Cola.
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¿Y la portada? ¿Os habéis fijado bien en la portada? ¿No sentís una corriente helada en vuestra espalda sólo de verla? Porque tengo que decir que esta novela ha contado con la inestimable colaboración de Kurilia, señora creadora, genio del diseño, artista vanguardista, domadora de pixeles rebeldes, capaz de materializar, de dar forma y plasticidad a un gato fantasma, a varios, a cientos, experta en caprichos de divas en ciernes con la que estoy negociando un contrato en exclusiva.
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Y este libro extraordinario, esta maravilla de las maravillas, la novela que marcará un antes y un después en el mundo de la literatura, ya está a la venta en Lulú por un precio irrisorio, un regalo, una ironía del destino, una suerte del novato, una broma que me doy el gustazo de gastar porque soy así de bromista.
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Así que no lo dudéis, aprovechad ahora para conseguir vuestro ejemplar porque voy a reventar las listas de best-sellers, porque voy a convertirme en el buque insignia de Lulú y a despreciar las ofertas millonarias de las grandes multinacionales de las letras, porque voy a pulverizar todos los récords de ventas y voy a dejar a J.K. Rowling a la altura del betún, porque ahora se me puede ver por las calles de Estepona caminando sin escolta, (mi perro Milo no cuenta), porque ahora soy mortal y se me puede llamar de tú, pero mañana… ah, no, mañana ya no será así, mañana será tarde, mañana serán las gafas de sol para pasar inadvertida, mañana serán las colas, más largas que las del paro, mañana será reservar con anticipación, mañana subirá el precio porque los escoltas están cada día más caros, mañana será la envidia, mañana serán las críticas despiadadas de escritores consagrados y ahora obsoletos que me quieren despellejar, mañana ya no será sólo “Los Gatos”, mañana será también “The Cats”, “Les Chats”, “Die Katzen”, “I Gatti”, “коты”, “猫”, mañana será la primera edición subastada en E-bay, y vosotros, sólo vosotros, habréis sido los elegidos para ser propietarios, dueños, amos absolutos e indiscutibles de uno de esos ejemplares. Y yo tomaré buena nota de vuestros nombres y apellidos para congregaros algún día en un estadio de fútbol, para colocaros en las primeras filas, para subirme a un escenario y tirarme en plancha – tranquilos, peso 60 Kg. – sobre vuestros cuerpos delirantes y enfebrecidos. Así que no perdáis tiempo, no esperéis más porque millones de personas en todo el mundo pueden estar haciendo “click” sobre el carrito de la compra en este preciso instante, corred y sed los primeros, pero YA, YA, YA, YA!
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Ah, y no olvidéis dejar un comentario en la página de Lulú, un comentario acerca de los mucho que os ha gustado, qué digo gustado, ¡apasionado!, de cómo han cambiado vuestras vidas desde entonces, de cómo han mejorado vuestras relaciones sexuales, de lo mucho que habéis rejuvenecido, de cómo entendéis ahora a vuestra pareja, y a vuestros hijos, y a vuestros padres, y a vuestros abuelos, y a vuestros fantasmas, y a vuestros gatos.
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……….. ¡Ufffffff!… Cómo quema el teclado…
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Bueno… Qué?... ¿Acaso pensáis que he exagerado?... ¿Y qué esperabais?
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No tengo editorial, no tengo agente, ni corrector de estilo, ni secretaria particular, ni asesor de imagen, ni entrenador personal, ni masajista, ni peluquera, ni manicura, ni madre ni padre ni perrito que me ladre. Así que no tengo más remedio que encargarme de mi propia promoción ¡Y NO TENGO NI IDEA DE CÓMO HACERLO!
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Así pues, se me ha ocurrido poner a prueba el teorema de Arquímedes, y pedir humildemente un puntito de apoyo, porque quiero mover un mundo, mi mundo, y no lo conseguiré sin vuestra ayuda.
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Pero si a pesar de mi gran campaña publicitaria dejáis pasar esta oportunidad única, si decidís renunciar a tener algo que contar a vuestros nietos… pues también lo entenderé. Con esta crisis…
Pero si a pesar de mi gran campaña publicitaria dejáis pasar esta oportunidad única, si decidís renunciar a tener algo que contar a vuestros nietos… pues también lo entenderé. Con esta crisis…


